POR DiegoMasci

No hay aplausos ni escalafón

Opinión - Diego Masci

Con la sola mirada del camino que comenzará a recorrer la Beca al Merito, rápidamente se refleja el tango Cambalache, escrito por Enrique Santos Discépolo. La nueva normativa que impulsa el actual gobierno,deroga de modo tácito, la anterior ley.

Cambalache no necesita ser recordada, nos acompaña de modo omnipresente desde hace mas de 80 años y cada vez que emerge algun absurdo en donde el pajaro nada y el pez vuela, como decia la genial Maria Elena Walsh, automaticamente comenzamos a tararear alguna de sus estrofas, convencidos, al fin y al cabo, que da lo mismo un burro, que un gran profesor

Algunas políticas públicas del gobierno de Alberto Rodríguez Saá conviven revolcadas en un merengue, enlodadas, manoseadas.

La sola mirada del camino que comenzará a recorrer la Beca al Merito se refleja rápidamente en el tango escrito por Enrique Santos Discépolo.

El gobierno de Alberto Rodríguez Saá decidió desarticular la última política publica que permanecía vigente desde la gobernación de su antecesor. La Beca al Mérito nunca fue de su agrado, cuando fue instituida por Claudio Poggi, en soledad, acompañado por Gloria Velázquez en las mañanas de FM Lafinur, criticó con dureza la nueva herramienta de reconocimiento a los mejores estudiantes.

La nueva normativa que impulsa el actual gobierno deroga de modo tácito la anterior ley.

Se cambia el nombre al beneficio, deja de ser Beca al Merito para transformarse en Beca Construyendo Sueños, la modificación no es solo semántica, se encuentra atada al cambio de objeto y del acceso al beneficio.

En la ley aprobada en 2013, los beneficiarios son aquellos que se encuentran entre los tres mejores promedios del establecimiento educativo, en la nueva ley -que modificará las reglas de juego a partir del presente año- quienes accedan, serán quienes tengan un promedio de ocho, otorgándose según la condición socioeconómica más vulnerable.

Nadie objeta la asistencia del estado a quienes deseen proseguir con sus estudios y ante situaciones de vulnerabilidad, no puedan costear su carrera. Esa, es una actitud aplaudible.

Lo que no se entiende, y se critica, es porque existiendo la Beca Soñamos Junto a Vos o el Plan Solidario, o cualquiera de los programas de asistencia social que cubre a 80.000 beneficiarios en toda la provincia, se deba modificar el criterio del “merito académico” en detrimento de la situación de vulnerabilidad. No son incompatibles, pueden convivir entre sí.

La ley que ingresó al Senado prevé quitarle la potestad al director de la escuela, al momento de informar la nomina de alumnos al ministerio de Educación de la provincia.

El trámite será personal, lo realizará cada alumno que se encuentre interesado para acceder a la Beca y desde el organismo determinarán quienes serán los tres beneficiarios de cada escuela.

El cambio no es inocente, la institución que guió al estudiante durante toda su etapa de aprendizaje y escolarización, deja su lugar para que un puntero, o dirigente político, sea quien guie al aspirante hasta su beneficio. El merito termina enlodado en los intereses de la política.

Durante la última semana, el vicegobernador de la provincia de San Luis, Carlos Ponce, manifestó en relación a la derogación de la ley No sé quién ha dicho que se va a derogar, si han dicho eso es un espanto. Una cosa es que podamos interpretar que puede quedar con menos o mayores beneficios y otra cosa es decir que se va a derogar”

Es probable que el gerente sindical no conozca el Art. 71 del Código Civil, donde se establece, en relacion a la desaparición de una normativa, que “La derogación puede ser expresa o tácita. Es tácita cuando su articulado no lo enuncia, pero sus disposiciones son irreconciliables con la ley anterior” el proyecto del ejecutivo no expresa de modo explicito la derogación de la Ley Nº II-0860-2013, pero nadie duda que sus nuevas disposiciones son irreconciliables con la anterior y eso, en el Código Civil, se lo llama derogación.

Ponce no estuvo en soledad al momento de negar la realidad. La mayoría de los dirigentes del oficialismo siguieron su camino, incluida la ministra de Educación Natalia Spinuzza, quien destacó que el proyecto enviado posee un enfoque social y más igualitario”.

En el sainete, quien no quiso quedarse atrás fue el ministro de Gobierno Eduardo Mones Ruiz al expresar “Hay que plantearse cuál es el concepto de beca, qué entendemos por beca. Se trata de una ayuda, un beneficio que el Estado otorga a alguien que lo necesita”, la definición realizada por el mercedino genera un manto de dudas sobre el modo en que accedió a su título universitario. Un simple repaso de las condiciones que se establece en las universidades públicas en relación a las becas de investigación o capacitación, otorgadas por el estado, abren un peligroso margen de dudas sobre la ignorancia en la materia que expresa el ministro.

No es casual que en la defensa de la nueva normativa, no se reconozca la desaparición de la anterior. El anclaje y reconocimiento que tuvo la beca al merito desde su puesta en marcha, permitiendo que los chicos de todas las escuelas de la provincia pudieran acceder a ella, merced a su propio esfuerzo y sacrificio, llevó al oficialismo a jugar con la retorica al límite del absurdo.

El estado tiene recursos e instrumentos en marcha para contener la cuestión social a la que hacen referencia los funcionarios, lo que desaparece, es la herramienta que reconocía a quienes se habían esforzado en su trayecto académico.

Los que intentan ver en la Beca al Mérito una herramienta elitista, desconocen la génesis de la misma. Fue inspirada en la Beca al Mérito Académico establecida por la presidencia de Rafael Correa, en Ecuador. Un hombre que nadie debería acusar de pertenecer a corrientes ideológicas de derecha.

Supuesto amante de fomentar la democratización de la nuevas tecnologías, desde que asumió la gobernación, en algo se parecen Alberto Rodríguez Saá con el buscador de Google. Si usted Googlea “Cambalache Letra”, la primera opción que aparece es “Cambalache – Julio Iglesias”… ya lo dijo Discepolín, ¡Qué falta de respeto qué atropello a la razón!