POR invitado

San Luis Capital Nacional de la Democracia Participativa

Espejos

Algún día San Luis se transformará en la capital de la democracia participativa, ese día llegará, cuando se pueda validar lo que se dice con lo que se hace. Por ahora, los discursos no se validan con la realidad

“Ha sido este un trabajo muy intenso y creo que los frutos están dados cuando son ustedes los que tienen que validar esos conceptos, contrastando lo que se dice con lo que se hace y es lo que conocemos como calidad institucional.” De ese modo el intendente Enrique Ponce hacía referencia al análisis que se debía realizar sobre su gestión en el cierre del programa municipal denominado San Luis Capital de la Democracia Participativa

A las pocas horas de ese discurso y a escasos metros del lugar en que fue pronunciado, el intendente que hablaba de democracia participativa, les ordenaba a los empleados del municipio a que retiren todas las publicidades callejeras de la oposición que se encontraban ubicadas en los postes públicos.

Es indudable que cuando el intendente pide contrastar lo que se dice con lo que se hace, para hacer referencia a la calidad institucional, dentro de un marco de democracia participativa, es imposible no percibir, luego del accionar perpetrado que la declamación no pudo atravesar la valla que la separa de la acción.

No es la primera vez que el modo de gobernar de Enrique Ponce se refleja en espejo con el que ejerce Alberto Rodríguez Saá. Discursos públicos centrados en la defensa de los derechos humanos y la calidad institucional, con personalidades autoritarias que se reflejan cotidianamente en la gestión.

La rotura de carteles puede pensarse como un hecho menor puesto en contexto de las preocupaciones cotidianas de los vecinos. La gravedad de lo sucedido transita por el modo en que entienden al estado Ponce y Rodríguez Saá.

Ambos toman los bienes del estado en beneficio propio, piensan que los recursos de los impuestos que administran son propios y consideran que es válido utilizar a los recursos humanos que se sostienen con los dineros de los contribuyentes para sus intereses particulares.

Las similitudes también se transmiten en el modo en que eligieron y presentan a sus candidatos a intendentes. La fuente de poder de los candidatos no nació en el electorado, nació en un pequeño cuarto.

Sergio Tamayo fue ungido como candidato a intendente por Alberto Rodríguez Saá por decisión propia, sin consulta partidaria ni consenso con el resto de los espacios políticos que componen el frente partidario que lidera.

Hasta el momento de su proclamación, no realizaba una actividad partidaria o política que lo destaque y su nombre no figuraba entre los dirigentes políticos que pudieran tener aspiraciones de gobernar la ciudad. El único sustento de su candidatura es ser el hombre elegido por Alberto Rodríguez Saá. Su campaña electoral la han centrado en un discurso optimista donde no se enuncia o profundiza en ninguna política de estado y en su figura física.

“Qué lindo candidato que tenemos” manifiesta en un spot el gobernador, dando lugar al juego que el mismo oficialismo viene buscando marcar desde sus medios oficiales. Su candidato es un hombre joven y lindo A pesar de mostrarse un gobierno defensor de la igualdad de género, aparece el contraste de lo que se dice con lo que se hace, como diría Ponce. La esperanza sobre Tamayo está depositada en anclar su belleza masculina con la captación del voto femenino. Un tanto machirula la estrategia elegida.

Enrique Ponce en la conferencia de prensa brindada en la municipalidad de San Luis el pasado 18 de junio, al ser consultado como se iba a dirimir la candidatura a intendente dentro del espacio de San Luis Unido manifestó “Va a ser fruto del consenso y de lo que indiquen las encuestas, pero la verdad, que yo no creo en las encuestas y les puedo asegurar que el candidato a intendente está sentado en esta mesa”

Al igual que Rodríguez Saá, ese día el intendente era protagonista de su propia frase, marcaba el contraste de lo que se dice con lo que se hace. Mientras hablaba de consenso, les avisaba a sus socios políticos de ese momento, que el consenso era lo que decía él.

Lo que devino después ya no es noticia. El único partido político que se retiró del frente opositor fue San Luis Somos Todos y el candidato ungido por Ponce, actúa como una especia de delegado personal de quien finaliza su mandato. Sin margen político propio, Picco debe seguir al pie de la letra lo que indica su jefe político quien busca dejar en el edificio de San Martin y Belgrano a su delegado. Sin demasiadas diferencias con Tamayo.

El reflejo entre Rodríguez Saá y Ponce se traslada al modo en que comunican. La cartelería del oficialismo provincial muestra en igualdad de proporciones las imágenes de Tamayo y Rodríguez Saá, en la carteleria del oficialismo municipal, se repite la estrategia donde se reemplazan a los actores, quienes prevalecen son Picco con Ponce.

El mismo manejo con los medios de comunicación, mientras Ponce tomó la Radio Municipal como propia, Rodríguez Saá hace lo propio con Canal 13. Los dos usan la prensa de gobierno para promocionar a sus candidatos a la intendencia y ambos arman listas de medios con los que deciden dialogar y con cuales, no.

Algún día San Luis se transformará en la capital de la democracia participativa, ese día llegará, cuando se pueda validar lo que se dice con lo que se hace. Por ahora, los discursos no se validan con la realidad