POR DiegoMasci

Comienza la era junior

Camino a los 40

Cuando el Rodríguez Saá padre expresa que el tiempo que viene, es el de los jóvenes, se refiere en particular a una sola persona, el cual por su edad, no entra en la categoría de joven. El único heredero, es su hijo y homónimo, Alberto Rodríguez Saá.

Un día antes de lo establecido por la Constitución Provincial, Alberto Rodríguez Saá jurará como gobernador de la provincia de San Luis, iniciando así, su cuarto periodo al frente del gobierno provincial.

Sumado a las cinco gobernaciones de su hermano, Adolfo Rodríguez Saá, el actual mandatario provincial encabezará el noveno gobierno familiar, de los diez que hubo desde el regreso de la democracia.

En declaraciones realizadas a medios provinciales, Alberto Rodríguez Saá, se encargó de aclarar durante la semana que paso, que ésta será su última etapa como gobernador “lo que viene es el tiempo de los jóvenes, del trasvasamiento generacional”. Las declaraciones realizadas, son muy similares a las expresadas durante lo que fue su segundo mandato entre 2007 y 2011.

La promesa del lugar a los jóvenes comenzó en la década pasada y perdura en el tiempo. Daniel Poder, Adrián Garraza, María José Scivetti, Paulino Gómez Miranda, José María Emer, Daiana Hissa y Marcelo Sosa, entre muchos otros ministros, coordinadores ministeriales y jefes de programas, fueron solo algunos de los jóvenes que iban a heredar el poder, según palabras de Alberto Rodríguez Saá, cuando el gobernador les tomaba juramento, en especial, durante la etapa final de su segunda gestión.

Solo hay que recorrer el organigrama para ver que la mayoría de ellos están fuera del poder ejecutivo o legislativo. Los pocos sobrevivientes de aquella camada, permanecen en asesorías de poca significancia dentro de las estructuras del poder.

Solo un pequeño grupo de jóvenes de aquella camada, sobrevivieron en la estructura del poder y acrecentaron su influencia sobre el actual gobernador,  manejando la botonera del gobierno.

No son referentes políticos con peso territorial, no son dirigentes formados en unidades básicas ni militantes de base con trabajo social.

Quienes permanecen a través del tiempo en la estructura del poder, son los amigos que recolectó desde su infancia y a lo largo de los años, quien en cada acto que se realiza en el Salón Blanco, se sienta a la derecha del gobernador. Los que quedaron por siempre, son los amigos de su hijo, Alberto Rodríguez Saá.

Anabela Lucero, Ernesto “Pipi” Alí, Felipe Tomasevich, Daniel Bassi, Sergio Tamayo, Natalia Zabala Chacur, Gabriela Gaspari, Miguel Berardo, Federico Berardo, Natalia Spinuzza, Gastón Scarpatti, Nicolás Anzulovich, son quienes construyen poder al calor de la amistad personal que cultivan con el hijo del gobernador.

Cuando el Rodríguez Saá padre expresa que el tiempo que viene, es el de los jóvenes, se refiere en particular a una sola persona, el cual por su edad, no entra en la categoría de joven. El único heredero, es su hijo y homónimo, Alberto Rodríguez Saá.

La legión de amigos del poder, son quienes sostienen el proyecto del primogénito del gobernador. La dinastía de los Rodríguez Saá tiene su punto de partida en la provincia de San Luis, en el gobierno que encabezó en 1860 Juan Saá y ahora busca reinventarse a partir el 2023, en una de las ramas del interminable árbol genealógico familiar.

En la campaña del pasado 16 de junio, Albertito, o Albert, como prefiere que lo llamen, fue quien aportó la ingeniería financiera (desde las arcas del estado) del triunfo electoral de su padre.

En su honor se conformó la agrupación Alberto Rodríguez Saá (h). Desde ese espacio y desde la agrupación Hay Equipo, que controla el hijo del gobernador, salieron la mayoría de los candidatos a intendentes y legisladores de la última elección y de quienes juran como nuevos ministros.

Quien comanda lo que muchos denominan la Camporita Puntana, manejó la botonera del estado durante toda la tercera gestión de su padre y se prepara para gobernar, al menos, hasta el 2023.

Suena extraño, pero a pesar del cargo ocupado y de su determinante influencia, no se le conoce la voz, mucho menos su opinión sobre políticas de estado o posicionamiento ideológico.

No habla en público, no expone planes de gobierno ni otorga entrevistas periodísticas. Sus ideas y pensamientos sobre la realidad provincial o nacional, son un misterio que parece guardar para sí mismo.

Quien busca suceder a su padre, construye su poder desde el silencio y oscurantismo que cubre su figura. Imagen que es prolijamente cuidada con un blindaje mediático que promete extenderse en el tiempo, con la fuerza de la billetera del estado.

No importa que casillero ocupen en el organigrama ministerial que comienza a funcionar desde este lunes. El aristocrático Felipe Tomasevich junto a Natalia Zabala Chacur, Daniel Bassi y Nicolás Anzulovich, seguirán manejando los negocios que no se pueden mostrar, Anabella Lucero, comandará en el nombre del hijo a los diputados del oficialismo, Natalia Spinuzza seguirá ignifuga a las consecuencias de su famoso video y Miguel Berardo, desde algún cargo formal de poca relevancia, seguirá tomando decisiones de superministro.

El de Sergio Tamayo es un caso especial. Las debilidades para la gestión del intendente electo de la ciudad de San Luis, la aparente carencia de formación para el cargo y el origen de su candidatura, parece indicar que será la cabeza de playa de los negocios que forjaran el hijo del gobernador y sus amigos, durante los próximos cuatro años.

La fuente del poder de quienes tomen las decisiones en los próximos años, no estará en manos de quienes han realizado trabajo territorial o político.

El poder que dispondrán los jóvenes que ocupen cargos relevantes en el estado, emanará de una única fuente de legitimación, fuente que se encuentra lejos del barro de los barrios o de la militancia política, quienes tomen las decisiones, forjaron su legitimidad en la amistad o negocios realizados con Alberto hijo, el mismo que busca seguir con la dinastía de su padre.

Este lunes, 24 horas antes de lo que marca la constitución, Alberto Rodríguez Saá comenzará su cuarto periodo como gobernador constitucional de la provincia. Si esta vez cumple su eterna promesa de retirarse de la vida política sanluiseña, quien intentará apropiarse del estado, a partir de 2023, será su hijo.

Si bien la fecha formal del asalto al estado por los Juniors está prevista para ese año, la invasión de los amigos del único hijo del poder, comenzó hace mucho tiempo.