POR DiegoMasci

Permiso para desconfiar

Opinión - Diego Masci

En épocas de comunicación donde no hay margen para el disenso, nadie debería asustarse porque se proponga desconfiar, al fin y al cabo, esta sugerencia, es un simple ejercicio de conciencia crítica al que ninguna pandemia, nos puede obligar a renunciar.

Desde que el gobierno nacional entendió que su ministro de salud se equivocó hasta el absurdo, cuando manifestó “No hay ninguna posibilidad que exista coronavirus en la Argentina” comenzó a tomar una serie de medidas frente a la pandemia, muchas de ellas, al calor del clamor popular de la ciudadanía.

Según una encuesta realizada sobre un universo de 1.000 casos en todo el país, por la consultora trespuntozero, el 91.5% de los argentinos considera que el coronavirus “Es una pandemia mundial que puede tener graves consecuencias”, cuando se les consultó que prioridad debía tener el gobierno, el 91.4% priorizó “Cuidar la salud y las vidas de las personas” por sobre la economía y en relación a los argentinos que están varados en el exterior y que no pueden regresar por falta de medios y por encontrarse las fronteras cerradas, el 75% consideró que “No hay que repatriarlos y que se queden en los países de riesgo mientras dure la crisis”.

A esto debe sumarse que el 97% de los entrevistados consideran que no se debe reanudarse las clases y que la cuarentena obligatoria debe continuar. El 80% solicita el toque de queda y el 70% esta de acuerdo con la aplicación del estado de sitio.

Tomando en cuenta los datos que arroja la encuesta de la consultora trespuntozero, no es erróneo deducir que tanto el gobierno nacional, como el provincial, se encuentran tomando medidas en la misma dirección que marca la opinión pública. Ante una problemática de base científica, algunas decisiones parecen estar apoyadas en otros argumentos.

Giovanni Sartori, politicólogo italiano considerado como uno de los más grandes pensadores políticos del último siglo, solía considerar que a la democracia como “un sistema de gobierno guiado y controlado por la opinión de los gobernados”.

Sartori caracterizaba a la opinión pública como “el conjunto de opiniones generalizadas del público” y la diferenciaba de las ciencias exactas en su conformación “Opinión es doxa, no es epistème, no es saber y ciencia; es sencillamente un "parecer", es una opinión subjetiva que no necesita ser demostrada.” Las democracias representativas, como la nuestra, “no se caracterizan por ser un gobierno del saber sino por ser un gobierno de la opinión, fundado en un público sentir de res publica” exponía el politicólogo italiano.

Volviendo a la encuesta a la que hemos hecho referencia, el 90% de los consultados considera que el gobierno “esta tomando las medidas correctas” e igual porcentaje declama tener confianza en como el presidente esta enfrentado la crisis del coronavirus.

Mientras el gobierno siga tomando las mismas medidas que pide la opinión pública, el “parecer” que se refleja en los diferentes sondeos, mantendrá los niveles de adhesión. Lo que es difícil saber, cuanto, de ese parecer sobre el que basa sus acciones, se relaciona con el saber.

Hoy toda la comunicación de la pandemia esta centralizada en las figuras del ejecutivo. Alberto Fernández desde la presidencia de la nación y Alberto Rodríguez Saá desde la gobernación provincial. “Si estamos en guerra contra el virus” como le gusta decir a nuestros gobernantes, no debemos olvidar que la primera victima en una guerra, es la verdad.

El manejo de la comunicación oficial del COVID 19 emana del gobierno y los medios, con todas las garantías constitucionales vigentes y en pleno respeto de parte de las autoridades, realizan una reproducción lineal y acrítica de los medios. El modo en que se expone la información se parece mucho a lo sucedido en 1982, cuando lo que sucedía en Malvinas estaba en manos de la vocería de los dictadores de aquel entonces (principal diferencia con la realidad actual, estamos en una democracia plena).

Cuando la circulación de la información se reproduce sin margen para la duda, cuando los medios oficiales, hegemónicos y paraoficiales reproducen el mismo discurso, recitando al unísono la voz de una ciudadanía asustada por un fenómeno social que no encuentra antecedentes en la historia reciente. Cuando todo esto pasa, tenemos la obligación de agudizar el ejercicio de la desconfianza y multiplicar los interrogantes sobre cada información que consumimos, sobre cada análisis que escuchamos.

A simple modo de ejemplo, cuando escuchamos a nuestros gobernantes decir que “entre la salud y la economía, elegimos a la salud”, no deberíamos omitir dos cuestiones centrales al momento de escuchar esa frase. El primer análisis valido para realizar es que no hay ningún valor que esté por encima del derecho supremo a la vida, por lo tanto, no existe dicotomía en donde la salud no sea favorecida al momento de la elección. El segundo análisis interesante para realizar, es que nuestros gobernantes, desde hace décadas, no logran resolver los problemas de la economía de nuestro país, con o sin pandemia, somos un país que surfea de crisis económica en crisis económica. Antes del coronavirus, por propia responsabilidad del gobierno actual y de los quince anteriores que lo precedieron, no estaba pudiendo resolver los problemas de la economía. No esta optando cuando pone salud o economía, está eligiendo lo obvio. Lo otro, por ahora, no sabe cómo resolver

Nadie debería asustarse por esta sugerencia, es un simple ejercicio de conciencia crítica al que ninguna pandemia, nos puede obligar a renunciar.