POR DiegoMasci

La crisis sanitaria comienza a dejarle paso a la crisis economica

Parate productivo

Las postales de los primeros días de la cuarentena han desaparecido. Las calles vacías de los últimos días de marzo, cuando se decretó el aislamiento social, contrastan con el movimiento de ciudadanos que comienza a observarse en el centro y barrios de la ciudad capital y otras localidades de la provincia.

La dicotomía entre “salud o economía”, desaparece. El diagnostico de que la “gente se está relajando en la preocupación de los riesgos de la pandemia” es, al menos, erróneo o subestimar la situación.

La heladera comienza a lucir vacía, la compra masiva en los supermercados que se realizó a finales de marzo ya se consumió, hay que pagar la tarjeta de crédito de aquellos carritos llenos y el dinero, es algo que hace rato dejó de ingresar a muchos hogares. El párate económico comienza a socavar la medida sanitaria.

Hace pocos días, un representante de una cámara provincial que aglutina al sector productivo comentaba que había ido a Terrazas del Portezuelo para intentar reunirse o solicitar una audiencia con el ministro del sector. Al llegar al centro administrativo, no pudo pasar de la rotonda de ingreso, el complejo estaba cerrado al paso de los ciudadanos.

A diferencia de lo que sucede en el gobierno nacional, nadie recibe al sector productivo, comercial o de servicios en el gobierno de San Luis

Cuando se consulta a algún funcionario provincial, ligado al sector productivo, suele repetir que luego que finalice la cuarentena, se ocuparán de pensar en el rescate del sector productivo. Lo que resta saber, es quien va a quedar en pie para poder ser rescatado. La crisis de la pandemia parece no otorgar esos tiempos.

Si no se actúa rápido, las empresas y pymes de la provincia, que dan empleo a más de 60.000 trabajadores, corren riesgo de desaparecer.

El parque industrial de San Luis muestra a la mayoría de las grandes fábricas, con sus puertas cerradas y sin actividad. Miles de obreros no están acudiendo a su lugar de trabajo, el ciclo productivo permanece inactivo y el futuro de esas naves ubicadas al oeste de la capital provincial, o sobre la ruta 2 en Villa Mercedes, comienza a ser incierto.

Según el sector, la mayoría de los trabajadores han cobrado marzo, percibiendo entre un 70% u 80% de sus salarios. El acuerdo parece extenderse durante los próximos 30 días, después, si no aparece la mano del estado para sostenerlas, todo indica que muchas de ellas, pueden desmoronarse.

Un recorrido por el centro y los barrios, muestra a los comercios que se dedican al rubro textil, calzados, artículos del hogar, papelería, informática, librería, imprentas, peluquerías o cualquier tipo de comercio que no esté relacionado con la cadena alimenticia o la salud, con sus puertas cerradas. Quienes realizan servicios de transporte o logística, con actividad mínima o nula.

La construcción, con alto grado de trabajadores informales, parada. Quienes vivían de changas sin poder realizarlas ni circular. En el sector de hotelería, gastronomía, cafeterías, bares o recreación, la situación también es dramática. Mas allá del pequeño salvoconducto que representa para muy pocos negocios alimenticios el delivery, el resto permanece cerrados y sin ingresos.

Pequeños comercios con personal único, o con menos de cinco empleados, están haciendo malabares para no cerrar. Muchos no han logrado pagar los sueldos y la tensión lógica que genera la falta de dinero, entre quienes ayer eran buenos compañeros de trabajo, comienza a crecer.

El sector agropecuario tampoco la está pasando bien. A pesar de estar enmarcado en las actividades esenciales, la comercialización de carne y granos está en su peor momento, y la contratación de recursos humanos y maquinarias para realizar la cosecha y el almacenamiento del cereal, se ha tornado una pesadilla a partir de las medidas tomadas por la provincia en los límites de la provincia.

Las ayudas económicas que ofreció el gobierno nacional, validas en este contexto de crisis, son un paliativo que permitirá solo cubrir la subsistencia básica. Quienes tenían ingresos que oscilaban entre $25.000 y $50.000, deberán conformarse con los $10.000 de ayuda para poder sobrevivir.

Los colegios privados que cobijan a uno de cada cinco estudiantes del sistema educativo de la provincia, la crisis llevó a un aumento considerable en las cuotas que deben abonar los padres. Las instituciones que no tienen subvención del estado, en especial ludotecas, jardines de infantes y guarderías, parecen condenadas a desaparecer.

Los únicos que parecen estar a salvo en la provincia, son los que están incluidos en el sector estatal. Los trabajadores del estado seguirán cobrando su sueldo con regularidad en tanto y en cuanto la caída de la coparticipación no sea eterna y logre recuperarse. De no suceder eso, más temprano que tarde, comenzarán a sufrir las consecuencias de la crisis económica.

Según estimaciones de la consultora “Analytica”, perteneciente a los economistas Ricardo Delgado y Rodrigo Álvarez, de los 19.000.000 de trabajadores en actividad, el 64% (12.100.000 argentinos) están en riesgo de perder sus empleos. Dentro de la caracterización de “grupo de riesgo”, determinaron un subgrupo que denominaron de "muy alto riesgo", estimado en 5.500.000 de personas que se desempeñan fundamentalmente como trabajadores informales, monotributistas y autónomos.

La población de San Luis representa el 1% de la población de la República Argentina. Tomando los datos que generan distintas consultoras económicas sobre el panorama que se avizora, crisis económica preexistente que se agudizó con la pandemia del coronavirus, el futuro de los trabajadores del sector privado puntano es preocupante y angustiante.

Las consecuencias económicas que va a dejar esta pandemia, en los cálculos más optimistas, son alarmantes. Llegó la hora que alguien del gobierno se ponga a trabajar y a pensar, como se va a sostener la rueda productiva de la provincia para que el panorama sombrío que se presenta, pueda no ser tan sombrío para los puntanos.