La queja tanguera de los gremios

“La mayoría de los empleados de la administración pública van a estar por debajo de la línea de la pobreza y otros, casi en la indigencia”

La definición pertenece al Secretario General del Sindicato de Empleados Provinciales, Rubén Nemzoff, la misma fue enunciada en declaraciones formuladas por radio, al programa “La Mañana de Dimensión” que conduce Nino Romero.

Nemzoff admitió, del mismo modo que lo hicieron otros dirigentes gremiales que representan trabajadores estatales provinciales, que de los anuncios realizados por el gobernador, en relación a la nueva escala salarial; se había enterado por Facebook

El gremialista expuso la amarga queja de que no son citados para discutir la situación laboral de los empleados públicos, de la precariedad en que se encuentran, sobre las pautas salariales pretendidas y que a pesar de las promesas formuladas en su momento por el Alberto Rodríguez Saá, nunca fueron convocados a paritarias.

Ante el panorama descripto por el secretario general del SIEP, este cronista formuló una pregunta que a esa altura del reportaje, era más que obvia Teniendo en cuenta toda la argumentación negativa expuesta por el propio Nemzoff en relación al gobierno provincial, fue consultado sobre si tenían pensado desarrollar un plan de acción o de lucha, ¿su respuesta? “No, los trabajadores están precarizados y tienen miedo, ante eso, no podemos protestar, hay mucho miedo entre los trabajadores de la administración pública por las represalias que pueden haber si protestan”

Nemzoff puso en evidencia algo que todos sabemos, pero escuchar de boca de un dirigente gremial argumentar que la inacción nace del temor a las represalias, toma otra dimensión.

Por un lado, si un representante de los trabajadores considera que no se puede articular un plan de protesta por temor a las represalias y que ante esta amenaza, la ausencia de acción gremial es el mejor camino, pierde sentido su representación.

El problema no es Nemzoff. Quienes lo conocen destacan su bonhomía y empatía con quienes se acercan. El problema no es el citado dirigente, ni el SIEP. El problema son las organizaciones sindicales que intentan representar a los trabajadores de la administración pública. Salvo escasas excepciones, la gran mayoría de estas, no logran perforar el temor que tienen los trabajadores al momento de expresarse, tal como lo expuso Nemzoff.

Si ellos no generan confianza. Esa tarea debería quedar en la cabeza de otros.

Todo indica que a los líderes gremiales le llegó el momento de visualizar algún grado de autocrítica, donde vislumbren que, por su falta de representatividad, o de carisma, o de liderazgo, o de credibilidad, o de todos estos factores juntos, no logran liderar las aspiraciones y frustraciones de sus representados. Cuando eso sucede, es el momento de dar un paso al costado, dejando que emerja desde los propios afiliados, quien pueda despertar confianza entre los trabajadores para vencer el miedo declarado. Sin esperanza, no hay movilización.

El anclaje en “el miedo” como justificativo de todo parece ser un denominador común en una sociedad que suele gritar en el silencio subterráneo, pero que murmura en voz baja cuando debe expresarse.

Si los gremios y sus trabajadores se recuestan en la verborragia de unos pocos, como justificativo del status quo, permaneciendo inmóviles, deberán acostumbrarse a seguir conociendo los anuncios cuando reciban una alerta en el Facebook, sin opinar en el muro, sin derecho a queja, respaldando con su inacción que “La mayoría de los empleados de la administración pública estén por debajo de la línea de la pobreza y otros, casi en la indigencia”